Aldeas Infantiles SOS (Barcelona)

vpcaibcnANTONIA RAMÓN

Cuando a una persona le gusta su trabajo, se nota. Es el caso de Antonia Ramón, que trabaja como coordinadora pedagógica de los centros abiertos de  para Aldeas Infantiles SOS en Barcelona.

Cuando la entrevistamos para elaborar la información sobre la última acción que Ver para Crecer emprendió en Barcelona hace unos días, precisamente en Aldeas Infantiles SOS, le costó ponerse delante de la cámara y de los micrófonos.

Pero lo hizo. Consideró que también esto podía ayudar a la causa, y se superó. Enseguida, pasados los primeros temblores de voz  empezó a salir su vocación en el discurso, que se hizo firme y seguro.

Allí nos contó cuál es el propósito de Aldeas Infantiles, “Asisten niños y niñas de 6 a 18 años, el planteamiento de los centros abiertos es trabajar con los pequeños, pero también con las familias, porque de lo contrario no hay cambio, con un proyecto educativo individualizado al que hacemos un seguimiento individualizado”, explicaba.

En pocas palabras Antonia estaba resumiendo la esencia de Aldeas Infantiles. “En Aldeas acogemos a los niños con un beso, con un abrazo, se sienten en familia, tienen apoyo afectivo, se sienten valorados y queridos”, proseguía. La institución piensa en sus estudios y en su futuro, “al tiempo que buscamos, con todas nuestras fuerzas, darles una infancia feliz”.  Con esta pretensión, Aldeas colabora con las instituciones, desde los ayuntamientos y entidades territoriales hasta otras organizaciones que pueden contribuir a la consecución de los objetivos de la entidad, como ‘Ver para Crecer’.

Para Aldeas Infantiles, este tipo de acciones tiene un efecto directo sobre la atención a la salud de muchos niños que, de otro modo, seguramente tendrían problemas de visión que progresarían sin ser detectados y, además, “facilita el acceso al tratamiento con gafas, algo que por su situación económica resultaría casi imposible sin algún tipo de ayuda social”, terminaba la coordinadora.

Cuando concluyó la entrevista, ya no le temblaba la voz. No se olvidó de decir nada. Habló con tanto cariño y amor de su trabajo, que a todos los que la escuchamos, nos hizo quererlo y compartirlo. La premiamos con un largo aplauso que no estaba en el guión.

Javier Bravo.